Bailo desnuda entre los huesos de la niebla. Canto canciones, mudas al viento.
Dulce silencio, arena húmeda bajo las plantas de mis pies.
Raíces de vida. Árbol de casa.
Respiro e inspiro, el cosmos de tus pupilas.
Energía, cargada de alma. Suave como la lluvia, cálido, carnatino.
Naturaleza esmeralda, coral irisdiscente. Luz de agua y danza de luciérnagas.
Leo labios, hallo perlas. Rocas de cristal.
Cuento estrellas, desnuda. Libre de voz, llena de azul.
Libélula de cielo, de ala imaginaria. Susurrarme calma, montaña de amatista y luna de cuarzo. Tiempo derretido y arena de reloj. Lienzo de historia y color de mundo.
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martes, 9 de mayo de 2017
domingo, 1 de enero de 2017
The mysticism of the human eye
Y después de tantos años de mirar nuevos rostros y escuchar diversas voces, me di cuenta de mi ignorancia.
Descubrí la mágica esencia humana, por primera vez, en los ojos de Suzanne. Aquel ventanal místico que te transporta a otra dimensión desconocida.
No sólo comprendí la extraordinaria telaraña nerviosa, la oscura pupila que permite ver lo mundano, sino el portal de emociones desconocidas y terrenos inexplorados que tras su iris se escondía. Tras esa cortina de color.
Benditos ojos los de aquella muchacha, que me permitieron nadar en lo abstracto, a sumergirme en mares sin nombre. De cierto te digo, mi querido lector, que cada que cada ojo es unico, jamás habrán dos que te conduzcan al mismo camino. El patrón nunca se repite y los sentimientos que almacena cada mirar se desligan de nuestra objetividad.
Con calma, entra, pero no te pierdas en ningún portal. No es sencillo escapar una vez cautivado por los destellos. Y siempre recuerda tocar materia para poder controlar tu regreso.
Y ahora sí, te invito a perderte (momentáneamente) en algún ojo humano, a experimentar ésa sensación extática que romperá todos y cada uno de tus esquemas, que te permitirá ser el único espectador de la grandiosidad del universo y conocedor de los secretos más profundos de nuestra creación.
domingo, 6 de noviembre de 2016
Serendipia
Despojé mi cuerpo y mi estancia de superfluas y me lancé. Dejé que mi espíritu bailara.
Sentí la arena húmeda bajo la planta de mis pies y las olas violentas golpear con ímpetu las rocas costeras, mientras el viento despeinaba mis deseos.
El hipnótico éxtasis de sentirme libre acariciaba cada sentido que conformaba mi ser.
El inmenso mar se disfrazó de telaraña, atrayendo mi cuerpo desnudo como presa de la misma naturaleza.
Mis memorias disipaban al ritmo que mi cuerpo se sumergía en las embrujadas aguas, reflejo del cielo azabache.
Fui luz en las hediondas tinieblas.
Un remolino de aguas negras y hambrientas luchaban por absorber mi esencia. La carne sufría, mas mi alma se fortalecía. Mis cabellos se convirtieron en algas y mis huesos en arena.
Y por segundos de eternidad volví a nuestro origen. Instantes de limbo. Y por fin, después de tanta búsqueda en muerte corpórea hallé la vida en espíritu. Mi serendipia.
Sentí la arena húmeda bajo la planta de mis pies y las olas violentas golpear con ímpetu las rocas costeras, mientras el viento despeinaba mis deseos.
El hipnótico éxtasis de sentirme libre acariciaba cada sentido que conformaba mi ser.
El inmenso mar se disfrazó de telaraña, atrayendo mi cuerpo desnudo como presa de la misma naturaleza.
Mis memorias disipaban al ritmo que mi cuerpo se sumergía en las embrujadas aguas, reflejo del cielo azabache.
Fui luz en las hediondas tinieblas.
Un remolino de aguas negras y hambrientas luchaban por absorber mi esencia. La carne sufría, mas mi alma se fortalecía. Mis cabellos se convirtieron en algas y mis huesos en arena.
Y por segundos de eternidad volví a nuestro origen. Instantes de limbo. Y por fin, después de tanta búsqueda en muerte corpórea hallé la vida en espíritu. Mi serendipia.
lunes, 27 de junio de 2016
Inefable
Me quedo en silencio. Muda de palabras, llena de ideas.
Siento una intensa presión en mi sien. Mi cráneo estallará en el segundo más inesperado, pero apropiado. Mis pupilas difusas, mis retinas clavadas ante semejante espectáculo.
Inefable. No tengo palabras para describir el estado extático en el que me encuentro.
Tengo la sensación de estar fuera de mí. Mi cuerpo está adormecido y mi mente en flote. Veo todo desde una perspectiva panorámica, increíble al ojo humano.
Un mundo desligado a la subjetividad. No me atrevo a articular palabra.
Ahora siento como la sangre circula con ritmo acelerado en mis venas.
Las vibraciones del aire. Esa melodía que carcome mis sesos, una pieza rayada de mis memorias, con ese sonido melífluo y penetrante.
Demasiadas expresiones encapsuladas en una mísera palabra. ¿Cómo llamar a ese instante?
a ese algo que me da vida y a la vez me mata.
A las plumas de las aves que revolotean e intentan arrancarme la razón a tracción. O la danza de las luciérnagas a medianoche.
El brindis que nunca hice.
El aroma exquisito de las flores y las líneas que configuran mis pieles. Todo aquello que se presenta como un halo de luz, efímero y difuminado. La caída al vacío abismal. O quizá es con el ademán que tocas las cuerdas de mi instrumento.
Es la naturaleza que constituye dimensiones. La fusión entre yugos desiguales, como la demencia y la cordura, la claridad y la penumbra, como lo fértil y lo inerte.
Son los colores tatuados en el ocelo de las mariposas y los cortes que el frío ha ido cultivando en mis labios.
Quizá son los espasmos, esa electricidad que me domina. Las ganas de mudarme de planta.
A lo mejor soy yo, la bohemia artista que espera con ojos de gato la luna llena.
Es paciencia. Acomodable a las circunstancias, sin encalabrinamiento alguno. Es ese algo al que se le quita relevancia pero que habita desde tiempos impronunciables.
Es la arena proveniente de rocas ancestrales. Sabio cómo él mismo.
Es la conjugación exacta entre lo celestial, los átomos que conforman tus células, tu estancia. Es la mezcla entre el magenta de tus labios y el cían de mis ojos.
O quizá el azabache de una noche de embrujo. El último botón por desprender de tu camisa.
Es el fuego dejando en carne viva al planeta. El aire despeinándote las ropas. La monotonía del reloj enterrado en las tierras. O quizá el mar besando tus talones. El arriba o el abajo. En mi cama o entre líneas de tinta.
Es ese algo a lo que el ciego y farisaico humano aún no quiere dar la relevancia que merece, ni percatarse de que esta fue quien le engendró en sus entrañas.
Después de unos intensos segundos de trance vuelvo postrada. Y mejor no preguntemos de dónde.
Quizá y sólo quizá, eso que reposa con majestuosidad ante mi es arte.
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