Cerré los ojos y pedí un deseo con todas las fuerzas de mi alma, a aquello que siempre me dió cobijo, amparo y mi origen, el mar.
Sentía que la ausencia reventaba cada habitáculo de mi corazón. Mi figura desvanecía bajo el conjunto de laminarias digitatas, junto mis deseos y anhelos, mi vesania y mis delirios. Contemplaban semejante espectáculo los pequeños ventosa, que siempre quisieron verme disipar. Junto a éstos estaban los paraíso, quienes siempre intentaron de alguna manera u otra pintar mi alma de alegría.
Abundantes sentimientos inundaron mi ser, mezclándose unos con otros, uniéndose como yugos desiguales, el orgullo con la deshonra, la cordura con la demencia, la vida con la muerte.
Desperté en aquel lugar sobrenatural llamado tierra, jamás explorado por criaturas de mi índice.
Sentía un dolor incorpóreo, centenares de cuchillas cortaban mis pieles, mis pupilas difusas clamaban la oscuridad, me pesaba toneladas el cráneo, los sesos.
No comprendía nada, no sabía dónde me hallaba ni qué me había ocurrido. Reconocí aquello que ustedes denominan arena, procedentes de rocas, para mí, los sabios del agua. Vi el cielo desde un amplio panorama, pero mucho menos increíble de las otras pocas veces que mis ojos contemplarlo pudieron. Posteriormente bajé la mirada y me quedé estupefacta al ver semejante monstruo negro en la arena, pegado a mí, mi propia sombra. De mi boca salió un gemido no intencionado, e instantáneamente me cobijé con mis propias extremidades.
Entonces así ocurrió, en tal situación deplorable, me di cuenta de que me había convertido en ese mítico, fabuloso y horrendo ser del que tanto oí difamar en fábulas, el humano.
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sábado, 14 de enero de 2017
domingo, 6 de noviembre de 2016
Serendipia
Despojé mi cuerpo y mi estancia de superfluas y me lancé. Dejé que mi espíritu bailara.
Sentí la arena húmeda bajo la planta de mis pies y las olas violentas golpear con ímpetu las rocas costeras, mientras el viento despeinaba mis deseos.
El hipnótico éxtasis de sentirme libre acariciaba cada sentido que conformaba mi ser.
El inmenso mar se disfrazó de telaraña, atrayendo mi cuerpo desnudo como presa de la misma naturaleza.
Mis memorias disipaban al ritmo que mi cuerpo se sumergía en las embrujadas aguas, reflejo del cielo azabache.
Fui luz en las hediondas tinieblas.
Un remolino de aguas negras y hambrientas luchaban por absorber mi esencia. La carne sufría, mas mi alma se fortalecía. Mis cabellos se convirtieron en algas y mis huesos en arena.
Y por segundos de eternidad volví a nuestro origen. Instantes de limbo. Y por fin, después de tanta búsqueda en muerte corpórea hallé la vida en espíritu. Mi serendipia.
Sentí la arena húmeda bajo la planta de mis pies y las olas violentas golpear con ímpetu las rocas costeras, mientras el viento despeinaba mis deseos.
El hipnótico éxtasis de sentirme libre acariciaba cada sentido que conformaba mi ser.
El inmenso mar se disfrazó de telaraña, atrayendo mi cuerpo desnudo como presa de la misma naturaleza.
Mis memorias disipaban al ritmo que mi cuerpo se sumergía en las embrujadas aguas, reflejo del cielo azabache.
Fui luz en las hediondas tinieblas.
Un remolino de aguas negras y hambrientas luchaban por absorber mi esencia. La carne sufría, mas mi alma se fortalecía. Mis cabellos se convirtieron en algas y mis huesos en arena.
Y por segundos de eternidad volví a nuestro origen. Instantes de limbo. Y por fin, después de tanta búsqueda en muerte corpórea hallé la vida en espíritu. Mi serendipia.
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