miércoles, 22 de marzo de 2017

Hija de la Luna

Las luces se callaron. Los pájaros quedaron enjaulados.
Y ella desviste sus piernas lentamente.
El murmuro peatonal se enterró en la tiniebla y los clandestinos jugaron en silencio.
Mientras se servía una copa de Brandy del 68.
Las cortinas yacieron con el viento y el balcón preparó el altar.
El jazz derrite sus sentidos.
Las hojas se desparramaron por el techo y el espejo reflejó su corazón envenenado.
La vida corre bajo su camisa desabrochada.
El cigarro consumió su esencia y el lecho se tiñó de cenizas. 
Exhausta erge su cuello mordisqueado. 
La Luna la observa.
Bendito aquel que encantó su memoria. Ya es posesión suya.

sábado, 14 de enero de 2017

Quisiera ser un pez

Cerré los ojos y pedí un deseo con todas las fuerzas de mi alma, a aquello que siempre me dió cobijo, amparo y mi origen, el mar.
Sentía que la ausencia reventaba cada habitáculo de mi corazón. Mi figura desvanecía bajo el conjunto de laminarias digitatas, junto mis deseos y anhelos, mi vesania y mis delirios. Contemplaban semejante espectáculo los pequeños ventosa, que siempre quisieron verme disipar. Junto a éstos estaban los paraíso, quienes siempre intentaron de alguna manera u otra pintar mi alma de alegría.
Abundantes sentimientos inundaron mi ser, mezclándose unos con otros, uniéndose como yugos desiguales, el orgullo con la deshonra, la cordura con la demencia, la vida con la muerte.
Desperté en aquel lugar sobrenatural llamado tierra, jamás explorado por criaturas de mi índice.
Sentía un dolor incorpóreo, centenares de cuchillas cortaban mis pieles, mis pupilas difusas clamaban la oscuridad, me pesaba toneladas el cráneo, los sesos.
No comprendía nada, no sabía dónde me hallaba ni qué me había ocurrido. Reconocí aquello que ustedes denominan arena, procedentes de rocas, para mí, los sabios del agua. Vi el cielo desde un amplio panorama, pero mucho menos increíble de las otras pocas veces que mis ojos contemplarlo pudieron. Posteriormente bajé la mirada y me quedé estupefacta al ver semejante monstruo negro en la arena, pegado a mí, mi propia sombra. De mi boca salió un gemido no intencionado, e instantáneamente me cobijé con mis propias extremidades.
Entonces así ocurrió, en tal situación deplorable, me di cuenta de que me había convertido en ese mítico, fabuloso y horrendo ser del que tanto oí difamar en fábulas, el humano.

domingo, 1 de enero de 2017

The mysticism of the human eye

Y después de tantos años de mirar nuevos rostros y escuchar diversas voces, me di cuenta de mi ignorancia.
Descubrí la mágica esencia humana, por primera vez, en los ojos de Suzanne. Aquel ventanal místico que te transporta a otra dimensión desconocida. 
No sólo comprendí la extraordinaria telaraña nerviosa, la oscura pupila que permite ver lo mundano, sino el portal de emociones desconocidas y terrenos inexplorados que tras su iris se escondía. Tras esa cortina de color. 
Benditos ojos los de aquella muchacha, que me permitieron nadar en lo abstracto, a sumergirme en mares sin nombre. De cierto te digo, mi querido lector, que cada que cada ojo es unico, jamás habrán dos que te conduzcan al mismo camino.  El patrón nunca se repite y los sentimientos que almacena cada mirar se desligan de nuestra objetividad.
Con calma, entra, pero no te pierdas en ningún portal. No es sencillo escapar una vez cautivado por los destellos. Y siempre recuerda tocar materia para poder controlar tu regreso.
Y ahora sí, te invito a perderte (momentáneamente) en algún ojo humano, a experimentar ésa sensación extática que romperá todos y cada uno de tus esquemas, que te permitirá ser el único espectador de la grandiosidad del universo y conocedor de los secretos más profundos de nuestra creación. 


viernes, 16 de diciembre de 2016

Si algún día llegas a leer esto

Si algún día llegas a leer esto, ten en cuenta que nuestra sangre fue mezclada.
Agradezco al cielo mi súplica en vano. Cuánto le clamé que lloviera para que apagara el fuego. Todo llegó a su tiempo.
Me obligó el destino a bajarme del mundo y ponerme un abrigo hecho de mis propias pieles. Señalada e ignorada, pero presente, aunque a veces un poco muerta.
No pude despojarme de más, ya era íntegra.
Si algún día llegas a leer esto, ten en cuenta que fue elección propia descoser mis ojos.
Agradezco a la tierra por darme pies para explorarla, al viento por hacer titubear mis huesos y desordenar mis pensamientos. Al tiempo por arrancarme el aliento y fijar mis raíces.
Cediste el nunca a mis labios y la indecisión fue tarea cotidiana.
Desnuda entre vestidos y armada de luz al final del túnel. Sin esperanza, pero luchando por ser oída.
Me regé y florecí tras ser pisoteada. Dejé mi cuerpo caer sabiendo que no estarías para sujetarme. Cual pluma en la profundidad de mis ojos.
Si algún día llegas a leer esto, ten en cuenta que estoy naciendo de nuevo sin haber nunca muerto.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Sin voz

Tras pasar el único pasillo de aquel cuchitril, cuyas paredes estaban grabadas de laberintos sin solución, llegué al extremo de la caseta. Dos puertas reposaban ante mis pupilas, una a la derecha y otra en su opuesto. Con el temor metido en las venas decidí abrir esta primera. Pero en vano fue, estaba cerrada con llave desde su interior. Mi perversa lógica me obligó a mirar por la ranura. Un olor a cementerio destapado penetró mis sentidos.
Sin optativa alguna y confusa de mi real existencia en aquel antro, posé mi mano en el pomo de la izquierda, el cual cedió con un quejido espeluznante.
Las paredes del interior estaban rasgadas y habían restos de maderos en el suelo. En medio de la pequeña habitación había un antiguo fonógrafo. Me di cuenta que aún cumplía función cuando me acerqué éste y, por arte oculto, empezó a tocar una pieza rayada de mis memorias. Me atormentaba los sesos.
Me reincorporaré y di tres pasos hacia atrás, chocando mi espalda con un cuerpo frío. Un espejo. Volteé así mi cuerpo y pude contemplar mi figura marchita. Mi vestido blanco manchado de lodo, mis muñecas y tobillos marcados, y diversas magulladuras por el rostro.
<<¿Quién soy?, ¿Qué está ocurriendo?>> pensé.
Sin articular palabra alguna empecé a sentir como un líquido caliente goteaba sobre mis pantorrillas. Sangre.
Miré entonces mi reflejo y vi dos grandes cortes paralelos trazado en mi espalda.
Me habían cortado las alas.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Serendipia

Despojé mi cuerpo y mi estancia de superfluas y me lancé. Dejé que mi espíritu bailara.
Sentí la arena húmeda bajo la planta de mis pies y las olas violentas golpear con ímpetu las rocas costeras, mientras el viento despeinaba mis deseos.
El hipnótico éxtasis de sentirme libre acariciaba cada sentido que conformaba mi ser.
El inmenso mar se disfrazó de telaraña,  atrayendo mi cuerpo desnudo como presa de la misma naturaleza.
Mis memorias disipaban al ritmo que mi cuerpo se sumergía en las embrujadas aguas, reflejo del cielo azabache.

Fui luz en las hediondas tinieblas.

Un remolino de aguas negras y hambrientas luchaban por absorber mi esencia. La carne sufría, mas mi alma se fortalecía. Mis cabellos se convirtieron en algas y mis huesos en arena.
Y por segundos de eternidad volví a nuestro origen. Instantes de limbo. Y por fin, después de tanta búsqueda en muerte corpórea hallé la vida en espíritu. Mi serendipia.

lunes, 3 de octubre de 2016

El infierno no siempre quema

No sé dónde estoy.
Todo está ocurriendo tan rápidamente que mis sesos no saben procesar. Recuerdo la larga caminata hacia el bosque. Una vez pasada la oscura inmensidad de los árboles suena el sonido metálico de las campanas de viento. He corrido durante décadas.
El corazón me va a mil y tengo la sensación que algo está mueriendo dentro de mí. 
El aire huele a putrefacto. Los cielos están tintados de azabache, protegidos por los majestuosos habitantes. Mi cuerpo está golpeado por los roces, revestido de cortes y astillas. 
Paro mis pies por un instante, con intención de recuperar el poco aliento que conservo, cuando de repente oigo un estruendo proveniente de los matorrales. Me quedo en silencio, estupefacto. Inmediatamente echo a correr.
Está detrás de mi, puedo sentir su aliento susurrando mis sentidos.
Mis extremidades titubean. Me resbalo. Mis pies se hunden en lodo y entonces puedo sentir como los viscosos dedos de esa criatura demoníaca acarician mi nuca.
Saco fuerza de mi imaginación y continúo la cursa. 
No me atrevo a mirar atrás.
Sigo, agitado, sin detenerme. Cada vez puedo sentirle más cerca. 
Por mi cabeza paranoica pasan mil ideas. Quizá se anteponga y no tenga escapatoria. 
Giro entonces hacia la izquierda sin parar. 
Está todo muy opaco.
De repente siento agua en mis pies. Estoy metido dentro de una pequeña laguna, sumergiéndome en hediondas aguas. Algo dificulta mi entrada. Cuerpos fragmentados. 
Y allí me veo. En medio de materia muerta, con el terror gravado en las retinas.
Y entonces pienso << El infierno no siempre quema>>.

Despierto. 29 de Febrero. Mi alcoba vacía de luz y un frío que cala los huesos.